La
ermita, construida en 1704 se sitúa en la orilla
del río Duero, en un lugar mágico. Para
llegar hasta ella tendremos que bajar a San Polo, paseo
rodeado de álamos, inspiración de poetas
como Antonio
Machado y Gerardo
Diego. Junto al río también ,
pero al otro lado, se encuentra el Paseo de San Prudencio,
que fue discípulo de San Saturio.
La roca esta horadada por una cueva, donde vivió
el anacoreta, a través de la cual se puede acceder
al interior de la ermita, ofreciéndose una entrada
alternativa por una escalinata externa.
Al entrar encontraremos la sala de reuniones del llamado
Cabildo de los Heros, una especie de Tribunal de las
Aguas para el Secano. Más arriba, subiendo por
la escalera adyacente damos con el oratorio de San Miguel,
de quien era muy devoto San Saturio. Allí se
encuentra una virgen traída de una ermita situada
en el cerro de Santa Ana.
Desde allí se accede a la ermita propiamente
dicha, en cuyo interior muros y cúpula están
totalmente decorados con pinturas al fresco realizadas
entre 1.704 y 1.705 por el soriano Juan Antonio Zapata.
Los temas representados hacen referencia a los hechos
de San Saturio y de otros santos eremitas. En la cúpula,
aparecen Jesucristo tentado por el Diablo, San Juan
Evangelista en la isla de Patmos, San Pablo ermitaño,
San Onofre, San Antonio Abad, San Benito, San Jerónimo
y San Juan Bautista en el desierto.
En los muros escenas de la vida y milagros de San Saturio
llenan todo el espacio: el Santo repartiendo sus bienes
entre los pobres, rezando en la cueva, tentado por los
siete pecados capitales, en acción de predicar,
el paso milagroso del río Duero sobre su capa
de San Prudencio y la muerte de San Saturio y canonización
por San Prudencio.