Antiguamente, los toros eran corridos por las calles que correspondian a cada Cuadrilla, enmaromados con maromas de 40 a 60 varas de largo. Las ordenanzas de 1536 no recogen ningún aspecto relativo a este día, pero sí lo hacen las de 1540. Que el viernes después del día de San Juan, de Junio, que es el día de dicha fecha en cada año, sa hayan de correr e corran los novillos de las Cuadrillas en lugar e donde e de la manera que se solía hacer, También en esa época durante este día se juntaban los vecinos en la casa del Mayordomo, donde comían los varones y se elegían los Oficios de las Fiestas. En 1754 Fernando VI prohibe la celebración de las fiestas de toros, pero el Consejo Real ante la solicitud del Común y el Ayuntamiento de Soria autoriza que se corran los toros según costumbre inmemorial en las Fiestas. En 1791 Carlos IV prohibio correr los toros por las calles. Por este y otros motivos, las fiestas decayeron limitandose a celebración de actos religiosos. En 1853 inicia la construcción de la Plaza de Toros en el emplazamiento del antiguo Convento de San Benito, tradicionalmente relacionado con la celebración de las Calderas. Las Ordenanzas de 1873 en su capítulo 2º, articulo 9 señalan: El Ayuntamiento contratará una media cuadrilla de banderilleros que lidien los toros por la mañana y la tarde del viernes. La reforma de Ordenanzas de 1914 proponía la realización de un concurso de dulzaineros durante la mañana del viernes y corrida de toros por la tarde. Actualmente hacia las diez de la mañana se lidian los 6 toros de las cuadrillas y las cinco y media de la tarde los de las otras seis, en un ambiente festivo en que son acompañantes obligatorios el vino de la bota y el congrio seco. Este día es conocido también popularmente como día de los casados, hombre y mujeres comen por separado con sus amigos, probablemente como reminisencias de las antiguas romerías exclusivas de cada sexo.
Dicen se Juegan el tipo dicen, dicen, y es verdad, los mozos en la barrera en los Viernes de San Juan. Dicen que no tienen miedo, dicen, dicen, pero ¡quia!, pues cuando salta algún toro todos se echan a temblar. Los toreros que aquí vienen para el Viernes de San Juan, tienen miedo, mucho miedo, y no saben torear Si son bravos los toretes no los pueden ya matar, y la gente pide a gritos que los echen al corral. Dicen que no hay un soriano si es valiente de verdad, que a la barrera no vaya con su bota, por San Juan. Dicen que tal valentía no es cosa muy natural, la culpa es del vino tinto y el sol claro de San Juan.